Apple afronta este miércoles uno de los lanzamientos más esperados de su historia reciente: la presentación de su primer teléfono plegable, el llamado iPhone Ultra, en plena transición de la dirección de la compañía y en un momento especialmente delicado para la industria de los componentes. La cita del 9 de septiembre llega, además, con un telón de fondo incómodo para los consumidores: la escasez mundial de memoria RAM está disparando los costes de fabricación y apunta a una subida generalizada de precios en los nuevos iPhone y en buena parte de la electrónica de consumo. Según TechCrunch y The Verge, la gran pregunta ya no es solo qué presentará Apple, sino cuánto costará y qué consecuencias tendrá la tormenta perfecta que vive el mercado de la memoria.
El iPhone Ultra: el plegable que Apple lleva más de cinco años preparando
Más de media década después de que Samsung lanzara su primer plegable, Apple está a punto de entrar en ese mercado. TechCrunch recuerda que la presentación de este año es especialmente significativa porque coincide con el relevo en la cúpula: Tim Cook cederá el puesto de consejero delegado a John Ternus, hasta ahora vicepresidente de ingeniería de hardware. Las expectativas son altas, y no solo por el nuevo formato: también se esperan novedades en la gama iPhone 18, así como actualizaciones de AirPods y HomePods.
El protagonista será, en principio, el iPhone Ultra. Según los rumores recogidos por el insider de Bloomberg Mark Gurman, el dispositivo ofrece una pantalla externa de 5,5 pulgadas que se despliega hasta alcanzar las 7,8, con una sensación premium y un pliegue mucho menos visible que el de otros plegables del mercado. Para mantener un grosor aceptable, Apple habría renunciado a la cámara con teleobjetivo, dejando un sistema trasero de doble lente (principal y ultra gran angular) similar al de sus modelos más básicos.
También habría sacrificios en la seguridad biométrica: según las filtraciones, el teléfono incluirá MagSafe pero prescindirá de Face ID, sustituido por un lector de huellas Touch ID lateral para ahorrar espacio. En cuanto al software, correrá iOS —y no iPadOS, pese a su pantalla tipo tableta— y permitirá ejecutar dos aplicaciones a la vez en modo multitarea. El chip que lo impulsa sería, según los informes, el mismo que monta el MacBook Neo, el portátil de acceso de Apple.
Una llegada con el precio por las nubes
La buena noticia para Apple es que las primeras impresiones de quienes han probado el dispositivo son positivas. La mala, que no será barato: las informaciones apuntan a que el iPhone Ultra superará los 2.000 dólares, un desembolso considerable aunque lejos de los 3.500 que costó el Vision Pro. El precio, sin embargo, podría no ser el único golpe para el bolsillo del consumidor esta semana.
The Verge advierte de que la nueva generación de iPhone probablemente aterrice con un incremento de precio, el síntoma más visible de una crisis de la memoria que afecta a toda la industria. La publicación bautiza el fenómeno como "chipflation" o "RAMageddon": la subida de los costes de la RAM está revirtiendo décadas de abaratamiento de los componentes, y no hay visos de solución a corto plazo. Según datos de AlphaSense citados por The Verge, los términos "precios de la memoria" y "escasez de memoria" aparecieron en las transcripciones de resultados de 473 empresas solo en el último trimestre.
Conviene matizar el relato habitual de que la inteligencia artificial es la única culpable. La escasez, señala The Verge, se gestó antes del despegue de ChatGPT: durante años, los fabricantes pudieron aumentar la producción colocando más chips en cada oblea, pero esos avances comenzaron a agotarse. Ya en 2021 Micron concluyó que la tecnología por sí sola ya no bastaría para seguir el ritmo de la demanda y que harían falta nuevas y enormes fábricas. Después llegó el colapso del mercado por el fin del boom pandémico de electrónica, y cuando el sector empezaba a recuperarse, la IA generativa disparó un apetito por memoria mucho mayor de lo previsto.
Un oligopolio que decide por todos
El problema estructural tiene además un componente de concentración. Según Counterpoint, citado por The Verge, tres fabricantes controlan en torno al 90% del mercado de memoria, lo que deja al mundo dependiente de un puñado de compañías que deben repartir una capacidad limitada entre la infraestructura de IA y los dispositivos de consumo. Manish Bhatia, presidente y director de operaciones de Micron, uno de los tres grandes, lo resumía así en declaraciones a The Verge: "Necesitamos construir más capacidad de obleas", un desafío "muy distinto al que la industria había tenido durante muchos años".
La consecuencia práctica es que los consumidores pagan la factura de una batalla por los chips que se libra entre los gigantes de la nube y los fabricantes de móviles, consolas y ordenadores. Y aunque la presentación de Apple acaparará la atención esta semana, la decisión que tome la compañía sobre los precios de sus nuevos iPhone será leída en toda la industria como el termómetro definitivo de hasta qué punto la crisis de la memoria se ha vuelto inevitable.
Qué vigilar a partir de ahora
Lo primero que habrá que observar es la presentación del 9 de septiembre: confirmar si el iPhone Ultra llega con ese precio superior a los 2.000 dólares y si Apple traslada el encarecimiento de la memoria a toda su gama, incluidos los iPhone 18. Pero la mirada debe ir más allá del evento. Según The Verge, la escasez podría prolongarse durante años, hasta que las nuevas fábricas de obleas anunciadas por los grandes fabricantes estén operativas.
En el horizonte queda también una incógnita estratégica: cómo gestionará Apple, históricamente reacia a subir precios de forma brusca, el equilibrio entre mantener su margen y no enfriar una demanda que, con el primer plegable de su historia, pretende renovar. Lo que ocurra en las próximas semanas con los precios de la memoria marcará no solo el lanzamiento de este año, sino el coste de la electrónica que compraremos durante el resto de la década.