La batalla legal entre la industria editorial y las grandes empresas de inteligencia artificial ha vuelto a intensificarse en dos frentes casi simultáneos. Por un lado, The Seattle Times y Newsday han presentado una demanda conjunta contra OpenAI y Microsoft por infracción de derechos de autor, llegando a exigir la destrucción de los modelos de IA entrenados con sus contenidos. Por otro, cientos de autores esperan cobrar su parte del acuerdo de 1.500 millones de dólares que Anthropic cerró el año pasado por el uso de libros protegidos, pero denuncian que editoriales y agencias literarias están tratando de quedarse con porciones del pago que no les corresponden. Dos episodios que, según informan The Verge y TechCrunch, reflejan hasta qué punto el copyright se ha convertido en el campo de batalla central de la economía de la IA.
Dos periódicos piden la destrucción de modelos de OpenAI
The Seattle Times y Newsday acusan a OpenAI de haber utilizado sus artículos periodísticos como datos de entrenamiento para sus modelos de IA sin permiso y de reproducir, en ocasiones, pasajes enteros de sus informaciones cuando los usuarios formulan preguntas a los chatbots. En la demanda también figura Microsoft como demandado, ya que su asistente Copilot se apoya directamente en la tecnología de OpenAI.
La reclamación se suma a una larga lista de pleitos similares: The New York Times, Ziff Davis, Merriam-Webster y Encyclopedia Britannica ya habían llevado a OpenAI a los tribunales por motivos muy parecidos. Además, según recoge The Verge, casi 400 periódicos locales de Estados Unidos han demandado recientemente a ambas compañías con el argumento de que los asistentes conversacionales reducen la necesidad de visitar sus webs y, en consecuencia, les restan ingresos por suscripciones y publicidad.
Lo más llamativo de la nueva demanda es la petición de remedio: los dos periódicos solicitan que se destruyan tanto las copias de sus obras en poder de las compañías como los conjuntos de datos de entrenamiento y los modelos de IA que las incorporan. OpenAI y Microsoft no habían respondido de inmediato a las solicitudes de comentario.
El acuerdo de Anthropic y las dudas sobre el reparto
En paralelo, la comunidad literaria estadounidense sigue pendiente del acuerdo alcanzado por Anthropic para resolver una demanda colectiva por derechos de autor. El pacto llegó después de que un juez dictaminara que entrenar modelos de IA con material protegido es legal bajo la doctrina del uso legítimo (fair use), pero que la piratería de ese material no lo es. El acuerdo recibió la aprobación final en julio, lo que permitió que los pagos comenzaran a tramitarse.
Según los términos del arreglo, los autores de cerca de medio millón de títulos recibirán 3.000 dólares por cada obra pirateada. Si el libro sigue publicándose con una editorial tradicional, el dinero se reparte al 50% entre autor y editor. Si la obra fue autoeditada, o si la editorial devolvió los derechos al dejar que el libro dejara de publicarse, el autor debería recibir la totalidad del pago.
Sin embargo, TechCrunch informa de que en los últimos días numerosos escritores han recibido correos electrónicos sorprendentes en los que se les comunica que otra parte está reclamando parte de su compensación. La autora de misterio April Henry denunció en redes sociales que HarperCollins había reclamado uno de sus libros cuyos derechos revirtieron a su favor hace al menos 17 años, y que el mismo día recibió una alerta de crédito indicando que la editorial había sido añadida como su empleadora, algo que nunca ocurrió.
¿Errores administrativos o un problema sistémico?
En el conocido blog de avisos Writers Beware, Victoria Strauss asegura que las quejas recibidas se dividen en dos grandes categorías: editoriales que reclaman pagos por obras sobre las que ya no tienen derechos legítimos y editoriales que piden el 100% del pago cuando solo les corresponde la mitad. En su opinión, se resiste a atribuir a la mala fe lo que podría explicarse por un deficiente mantenimiento de registros, y señala que algunas editoriales ya han admitido que se trata de un error y han pedido a Anthropic que lo corrija.
La directora ejecutiva del Authors Guild, Mary Rasenberger, declaró a The New York Times que no lo ve como un intento de las editoriales de quedarse con dinero ajeno y que no cree que estén tratando de perjudicar deliberadamente a los autores, sino que sería el resultado previsible de una mala gestión de datos y de un proceso de reparto confuso.
Strauss matiza que las quejas recibidas son solo "una mirada a través de una pequeña grieta en un muro enorme". Aun así, advierte de que el número inusualmente alto de informes en solo dos días, junto con el hecho de que los autores reporten exactamente los mismos errores una y otra vez, sugiere que no se trata de fallos rutinarios propios de una operación de este tamaño, sino de algo mucho más extendido y sistémico.
Las editoriales no son las únicas que reclaman una parte. Strauss también ha recibido quejas sobre agencias literarias que presentan reclamaciones, algo que considera sorprendente porque "las agencias no son titulares de derechos sobre los libros que venden". La escritora Courtney Milan fue más contundente en Bluesky: "Al parecer, algunas agencias intentan reclamar porcentajes del acuerdo con Anthropic, y NO creo que deban hacerlo en absoluto".
Un pulso con implicaciones para todo el sector
Ambos frentes apuntan a una misma realidad: los contenidos creativos y periodísticos son el combustible de la inteligencia artificial generativa, y el reparto del valor que generan sigue sin resolverse. Las demandas contra OpenAI y Microsoft no buscan solo una compensación económica, sino sentar precedentes sobre si es legítimo construir modelos a partir de obras ajenas sin licencia. El caso de Anthropic, por su parte, demuestra que incluso cuando las empresas aceptan pagar, el diseño del reparto puede generar nuevas disputas entre los propios creadores y los intermediarios de la industria.
En las próximas semanas habrá que vigilar dos cosas: la respuesta de OpenAI y Microsoft a la demanda de los periódicos y si los tribunales acceden o no a la petición de destruir modelos entrenados con esos contenidos; y cómo resuelve Anthropic las reclamaciones duplicadas o incorrectas sobre los pagos, una cuestión que podría sentar las bases de cómo se distribuirán futuros acuerdos similares en el sector.